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El fin de la Séneca

7 May

El fin de la Séneca

Aprovechando mi espacio personal y que mañana presentamos el proyecto, presento en el blog el proyecto que he estado realizando el último mes junto a mis compañeros Séneca en Bilbao Beatriz Álvarez de Perea, Vere Álvarez y María Molina. Se trata de un reportaje multimedia en el que aprovechamos las posibilidades que nos brindan las nuevas tecnologías (vídeo en streaming, storify, plataformas webs, etc.) para explicar una problemática que a los creadores de #elfindelaSéneca nos parece muy preocupante.

España es un país plurinacional, por si alguien no se ha dado cuenta, que vive un proceso de empobrecimiento cultural. Cualquier estrategia que no contemple mantener y explotar las distintas particularidades que se encuentran en este país significará en el futuro la condena del sistema autonómico. Programas como la beca Séneca ayudan a integrar a un país en el que hay muchas diferencias. Su eliminación es otro paso más en ese proceso de empobrecimiento cultural en el que se metió el país por la crisis económica.

Desde esta plataforma explicamos la historia de las becas séneca, los sucesos que han precipitado su fin, las reacciones de las partes implicadas y las alternativas existentes. Espero que os guste, y recordar, con la cultura y la educación no se juega!

#elfindelaSéneca

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El poder de Wert (EL PAÍS)

5 Dic

Hoy gracias a mi compañero  periodista de la Universitat Rovira i Virgili, Oriol Brau, he leído este artículo del País que me ha parecido sublime como continuación a lo que escribí ayer. En resumen, que tenemos PP para rato. Sin más, os lo pego.

El poder de Wert (EL PAÍS)

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El ministro de de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert Ortega, no está solo, no es un verso suelto, aunque no sabemos a quién obedece. Su ofensiva política contra el catalán -su cruzada- camuflada en la reforma educativa que propone, no es casual, ni improvisada. Ni aislada e individual. Hay una estrategia. Y de fondo.

Hace unos meses, en una entrevista en un diario catalán, afirmaba, de manera premonitoria: “Primero disparo, después apunto”. Y remataba, provocador: “Soy consciente que entre mis muchas virtudes no está la continencia expresiva”. Pues sí, es un irresponsable, como él mismo confirmaba, sin rubor, con su sonrisa desmiley. Pero no es un necio, ni un ocurrente. Las cosas del “pobre Wert” (en palabras del Rey en relación a la polémica sobre “españolizar Catalunya”) no son las cosas de alguien que merece comprensión benevolente ante sus errores, sino reprobación. Y pública. El Congreso ya lo intentó, sin éxito, dada la mayoría electoral del PP. Pero Mariano Rajoy no puede mirar hacia otro lado: o apoya a su Ministro o le desautoriza. O Wert habla por Rajoy, o contra él…o sin él.

Las claves políticas de la estrategia que utiliza el acoso al catalán como instrumento de dominio político han sido ensayadas en la Comunidad Valenciana y, recientemente, en las Islas Baleares. Su éxito es indiscutible. Su daño, también. No estoy hablando de daños colaterales para algunas fuerzas políticas. Hablo de heridas profundas, abiertas, que están lacerando la convivencia e impidiendo una agenda de reformas estructurales de nuestra arquitectura institucional que haga de la diversidad la oportunidad, no el problema.

Hace unos meses, el Parlament balear aprobó la reforma de la Ley de Función Pública (e, indirectamente, también la de Normalización Lingüística) que derogaba el requisito de acreditar el conocimiento del catalán para trabajar en la Administración balear: un compromiso electoral muy criticado por la oposición y por amplios sectores sociales y culturales.

La estigmatización del catalán (y su visualización como lengua extraña y “extranjera” en los territorios donde se habla) llega a extremos grotescos en los gobiernos del PP, como los de definir -sin mencionarlo- al catalán como la lengua“cooficial distinta al castellano”, como hace el gobierno de las Islas Baleares (y que en su día ya hizo el gobierno de Aragón al presentar al catalán como la“lengua aragonesa del área oriental de Aragón”).

Esta ofensiva política sigue un diseño calculado y constante. Hay determinación sistemática. E ingeniería política. Existe la convicción de que es más fácil vencer a un adversario político si destruyes su ecosistema social. Estas son algunas de sus hipotéticas bases en la construcción de un determinado marco mental:

1. Negar el carácter de unidad lingüística del catalán en los territorios en los que se habla. La política contra la filología.

2. Asociar el catalán a lengua extraña (extranjera) en estos mismos territorios.

3. Devaluar su singularidad y su cooficialidad. Relegarla al rango de segunda lengua, o lengua menor y residual.

4. Asociar la protección y promoción del catalán a una supuesta voluntadpancatalanista, de corte autoritario, que limita o ataca la libertad individual e impide el desarrollo del Estado entorpeciendo su harmonización y regulación sostenible.

5. Vincular el uso del catalán (y otras lenguas oficiales) como un gasto superfluo e innecesario. Y más, en tiempos de crisis. El debate agrio y agresivo sobre su uso en algunos debates en el Senado es una buena prueba de ello.

6. Identificar el catalán con el nacionalismo (y el secesionismo), deslizando paralelismos de simple y burda manipulación política.

7. Interpretar la promoción y protección del catalán como parte de un proceso de laminación sistemática de las libertades individuales, y como el instrumento de adoctrinamiento sectario. La escuela pública y los medios de comunicación públicos (que muchas veces dan pie a ello) serían las herramientas de este proceso masivo de pensamiento único. En este sentido, combatir al catalán es combatir por la libertad y la democracia.

8. Arrinconar al PSOE en la defensa “cantonal” de la lengua o de la identidad territorial (de Catalunya, por ejemplo), limitando y cuestionando su capacidad de partido con visión de Estado. Identificar la España plural con la España débil (e insostenible).

9. Destruir la imagen del PSOE como partido con visión de Estado, capaz de vertebrarlo (y de gobernarlo). Asociar su defensa de la diversidad, como síntoma de debilidad política y falta de criterio institucional. Los socialistas atrapados en el marco mental del PP.

10. Españolizar España, con el castellano como ariete. La lengua común secuestrada por un ideología de parte. Y las lenguas propias, la amenaza a combatir o limitar.

Lo explicaba, con meridiana claridad, el ex presidente José María Aznar en una entrevista publicada este domingo: la izquierda está “completamente desarticulada”, sumida en “el taifismo” y sin “proyecto coherente”, y los nacionalismos se han “convertido al secesionismo”, de manera que, a su juicio, “lo único que queda con capacidad de vertebración es el Partido Popular”.

Mientras, el ministro que antes fue sociólogo va tensando la cuerda y midiendo las reacciones. O provocándolas, con afinada puntería. Esta vez, sí: con acierto y precisión. Justo cuando empezaban a aflorar algunos pequeños síntomas de distensión institucional entre los líderes y los gobiernos de Catalunya y España (que permitieran pensar en un reset político general de la vida política española), Wert -y quien le dirija- se ha encargado de dinamitarlos con la pólvora más potente: la de la convivencia lingüística y la identidad de Catalunya.

¿Quién tiene tanto poder como para hacer algo así?

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