Abrir tu mente

4 Nov

El lunes tuve la suerte de poder asistir a una sesión de Alejandro Jodorowsky. Para el que no lo conozca le enlazo su biowiki. Se trata de un “psicoterapeuta” con alma de “mago”. Hasta aquí suena a engañabobos. Sí, a mi me paso lo mismo. Nada que ver con la realidad.

Una compañera Séneca puso en Facebook un enlace acerca de las conferencias que haría Jodorowsky. De entrada no me llamó mucho, no le conocía, psicomago, mmm… paso. Pero al releer la publicación, me di cuenta de un segundo detalle que leyendo en diagonal no había captado: “Por si alguien quiere ver a Alejandro Jodorowsky en acción antes que se muera”, dijo Ariadna Ros. ¡Ostia!, ¡Qué radical! pensé… Y decidí ver un vídeo suyo para decidir si valía la pena o no, total, costaba 11€. Me decanté por su aparición en Buenafuente -a malas me reiré un rato- pensé. También me reí,  pero me llamó mucho la atención su discurso, su capacidad de abstraer y sobretodo, la vitalidad de un hombre de -atención- 83 años!. Total, que como había algún compañero Séneca que quería ir me compré la entrada.

No me arrepiento. Entré pensando que Jodorosky se tiraría hablando las 2 horas que supuestamente duraba la conferencia. Nada de eso. Habló, y mucho. Pero lo que más me cautivó fue lo que no esperaba: el taller. La gente suele tener muy claro su propósito en la vida por estúpido que sea. Preguntó que si había alguien que supiera su finalidad en la vida, su razón de ser. Yo, estúpido de mi pensé: ¡Buah! Vaya marrón, ni idea. Pues me equivocaba, montones de manos levantadas con razones del típico tópico -o tópico típico-: ser buena persona, ayudar a los demás, pasarmelo bien, disfrutar de mi vida. Totalmente respetables, pero ninguno era el mío.

Sin embargo, en la siguiente actividad, en la que primero tuvimos que explicar nuestra vida a desconocidos (y viceversa) primero en 8 minutos, luego en 3, y finalmente en 1, descubrí el mío. Pude hablar con una persona que había sido maltratada psicológicamente por sus padres, obligándo a llevar una vida que no era la suya. No era mi caso (¡GRACIAS!), pero empecé a ver ese camino por el cual decidí empezar este blog.  También pude hablar con dos mujeres que habiendo estudiado una carrera y con una vida profesional consolidada se dieron cuenta que eso no era lo suyo. Ver a gente que se había reinventado de tal manera que, aún rompiendo los lazos que le unían a sus recuerdos, había encontrado la felicidad, me llenó mucho.

Había ido en bici al teatro y al salir, me puse la música y en 5 minutos estaba en casa. Volé con la bici, me sentía lleno de energía. Quizás Jodorowsky no sea un mago, pero estoy seguro que el lunes ayudó a muchísima gente a seguir luchando por encontrarse a si mismos. Yo fui uno de ellos.

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